MADRE MACRISTA. Hoy: "El via crucis del desdentado sin prepaga"

Tu noticia 19 de enero de 2018 Por
Un posteo de Facebook sobra una historia que podría ser la de muchos. Por Vale Sanchez
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Madre macrista es hija única de hijos de inmigrantes que, a duras penas, concluyeron la primaria, nacidos apenas iniciada la década del 20. Esa pareja hermosa que fueron mis abuelos, lograron- y no por vía de la meritocracia sino de la movilidad social que posibilitó el peronismo- salir de la pobreza de Villa Lynch donde laburaban desde los 8 años, allá por 1930, hacer una familia y acceder a una vida más holgada: mi abuelo Ernesto como empleado estatal de la desaparecida Gas del Estado donde empezó como cadete y terminó como gerente de la filial Olivos y mi abuela Luisa como comerciante. Esto les posibilitó salir de la pensión en la que vivían en San Martín a mediados de los 40 cuándo se casaron y acceder a su casa propia en Acasusso.
Madre, nacida en 1951, fue criada para casarse bien, una linda chica que, a fuerza de privaciones paternas, fue educada en escuelas privadas del conurbano norte, estudió danzas y que logró con mi padre asegurarse un futuro de prosperidad que hasta le posibilitó educarme en una escuela de elite donde me hizo vivir el calvario de codearme con la oligarquía argentina en su más rancia versión , solo salpicada por algunos advenedizos entre los que me encontraba junto a las hermanas del ministro negreador de empleados, Triaca. Después de un precoz matrimonio con padre trotskista - una suerte de Isidoro Cañones- que le llevaba 16 años, hijo de un próspero terrateniente, adepto a los juegos de azar, a los emprendimientos gastronómicos y a las mujeres livianas de ropas, de quién se separó harta de sus infidelidades, cuando yo apenas gateaba y antes de cumplir los dos años de casada, rehizo pareja con quién es- hasta la fecha- su marido: un abogado lobbista de las petroleras, bon vivant, hermosa persona que, a pesar de haber sido empleado estrella de las multinacionales más perversas y defensor de los intereses más espurios, no logró zafar de la guadaña neoliberal y la estafa de haber sido de la primera camada de jubilados de las afjps.

Puesto en necesario contexto, va de suyo que madre jamás pasó necesidades. Viajó por el mundo, se vistió con las mejores ropas, comió en los mejores restaurantes y se codeó con importantes empresarios y políticos y, por un largo tiempo, se sintió parte de esa clase que siempre, en el fondo, la despreció.
En 2001 madre cayó en desgracia pero con un patrimonio suficiente como para no ventilar su desdicha. Fueron años complejos. Sus ahorros fueron confiscados, su marido recién jubilado penosamente,... pero el kirchnerismo le permitió reubicarse. Sin el glamour de antaño le permitió llevar una vida cómoda. Sin estridencias pero sin apremios. Pero madre jamás podrá reconocer esto. Tal es su odio hacia quiénes, como ella, fueron salvados de las fauces de la miseria. Pero, como madre siempre se creyó parte de la burguesía, nunca pudo digerir que su empleada se comprará una motito para ir a laburar o se pudiera ir a la playa(a Pinamar, su playa.... nada menos. Quiénes se creen estos negros para veranear a medio metro nuestro??¡)
Al final de cuentas, en su cuento de hadas, madre que nunca movió un puto dedo para conseguir lo que tuvo y tiene , terminó siendo devorada por el personaje.

Pero un día, a fuerza de resentimiento y sobredosis de tv, madre se hizo macrista. En menos de dos años madre vio pulverizado su poder adquisitivo. Pasó del Rover al 343 sin escalas y de Swiss Medical a Pami. Sus inquilinos se fundieron y la jubilación obtenida gracias a las políticas inclusivas de la shegua, pasaron a tener un peso determinante en el market share de su esquilmada economía.

Justo en este contexto, madre empezó a padecer los achaques de la inminente séptima década de vida y su dentadura fue la encargada de pasarle factura. Creo que pocas cosas deben hacer más desdichado a un ser humano que perder los dientes. Recuerdo con nostalgia el programa Argentina sonríe que hizo posible que los excluidos del sistema de salud accedieran a prótesis gratuitas. Madre tuvo mal timing. Para cuando comenzó el problema el doble berreta de Freddie Mercury ya gobernaba nuestros miserables destinos y cualquier vestigio de inclusión era ya un recuerdo en sepia.

Por suerte encontró un dentista que financió sus implantes y a quién deberá dejarle toda su jubilación por varios meses, pero lo logró. Las 48 horas que separaron las extracciones de las piezas irrecuperables de la realización de los implante fueron un auténtico infierno. Madre se confinó en su casa, barbijo mediante y no paró de romper las pelotas y lamentarse por todos los medios virtuales disponibles. Un verdadero calvario. Para ella, sin dudas, pero también para mi. Su desgracia y su endeudamiento fueron motivo de los diálogos más bizarros que, ni bien me recupere de la experiencia , intentaré transcribir con el poco humor que me queda promediando enero en Buenos Aires sin haberme tomado vacaciones.
Sólo puedo decir que, para madre, ya no hay retorno. Esto también es culpa de los kukas como todos sus males.

A las 22.30 y en pleno despacho del restó recibí un whatsapp de madre. Escueto y contundente: Habemus dientes. Y una foto de su dentadura completa. Y al mirar su foto de perfil del whatsapp enmarcada en el logo de Cambiemos con el subtítulo "Yo no aflojo" me dieron ganas de llorar. Y también sentí la inquietud de hacerme un adn.
Y ahora me voy a leer. A sumergirme en el mundo de la literatura para recuperarme de tanta locura. Eso si... los saludo: digan whiskyy , mientras les queden dientes