QUEDATE EN CUBA, CRISTINA...

Política 16 de marzo de 2019 Por
Por María Laura Prelooker
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Querida, queridita, adorada, bien sé que no sabés de mí, como de tantos otros, no sabés de mí en lo individual, sí en el concepto. Me pasó una o dos veces, sabés, de amar a alguien así, sólo de ida, no de vuelta, aceptando ser una más en el montón de los que te siguen con motivos fundados en un listado interminable de razones objetivas, datos duros, comprobables, históricos.
Pero también, mi querida, hermana de la vida, líder, amada, ejemplo de todo, está la prueba irrefutable, del amor y de todo eso que llamamos, que decimos inefable, eso que la vulgaridad engloba en un sustantivo de la ciencia, la química.
Porque te lloré, te reí, puse tus palabras una y otra vez en grabaciones, te miré una y otra vez en la tele, en internet, en mi televisor, mi computadora, mi teléfono, te fui a ver a lugares públicos o no tanto, seguí tus palabras escritas, observé bancos de fotos de tu imagen, acopié tus filmaciones, me compré remeras, pulseras, mates, agendas con tu nombre, puse un poster en el dormitorio con tu cara.
Y eso no es por la parte del dato duro, la dignidad de mi vida, la posibilidad de criar a mis hijos, de verlos crecer en un lugar que ya dejó de ser seguro, un lugar en donde pasan por el cielo los helicópteros y los buitres del peligro.
Nadie se dio cuenta, nadie parece darse cuenta, mi querida, que te fuiste a cuidar a tu nena, mi querida, que es como decir que partiste al exilio, o quizás no, pero a eso voy, eso te quiero decir:
Quedate en Cuba, querida, admirada Presidenta de los mejores diez años de mi vida, esos diez años que mis compatriotas entierran apurados, felices de poder babearse de odio, de ignorancia.
No vuelvas, mi amada Presidenta, mi ejemplo de mujer, de política, de abogada, de madre, cuidá a tu nena y a los nietos, si ya rompieron la tumba de tu marido, arrancaron los cuadros de tu casa, te inventan delitos surrealistas, te citan el día del cumpleaños de tu marido, te quieren matar con el veneno de su odio.
No vuelvas, mi querida, ya te demostramos que no vamos a mover un dedo solo por ninguna de las humillaciones infinitas, que somos una manga de cagones, que la contra es mucha y ya ganó y va a seguir ganando, qué sé yo, por diez o veinte años, hasta que no nos queden ni los huesos. Quedate en Cuba, en ese paraíso del atardecer, del principio del final de la utopía de tu generación, en ese lugar con flecos de banderas rojas desgastadas; sólo ahí pueden cuidarte mi querida, acá no podemos, todos nosotros no podemos, ya está clarísimo que apenas podemos ponerte en una remera y escribirte huevadas como ésta, cuidá a tu nena, ojalá se reponga, ojalá sea mentira que está enferma y están las dos muriéndose de risa, comiendo langostas con el hermano viejito de Fidel, ese que dijo que a vos, la Mujer, había que cuidarte y ni eso se oyó, porque los comunistas también te humillan y te ignoran, Mujer Grande, Grandísima, Enormísima, espero que hoy hayas tomado sol en alguna hermosa playa del Caribe, allí donde bajó Colón con la angurria europea, con esa ambición asquerosa, interminable del católico que sólo busca oro y esclavas para bautizarlas y violarlas y hacerle hijos bastardos, y ponerlos en las minas a sacar el oro para llevárselo a su continente; quedate ahí, hermosa, no vuelvas, no pudimos ni cuidar la tumba de tu marido, ni los destrozos en tu casa, nos quedamos impávidos ante las burlas, los ataques, las falsedades, los delitos en tu contra, tibios, haciendo apenas cadenas de cartas, fotitos mediocres, frasesitas de bánner como estas que te dedico, no vuelvas, Presidenta, ya te tenemos adentro del corazón y de los mejores libros, quedate a mirar cómo se pone el sol para el sueño americano allá, tan cerca de los tifones, tan lejos de la cárcel vergonzante de Lula, de Milagro, que te espera, para la felicidad de tantos compatriotas, para colaborar en estos años de hundimiento, despojo, humillación y derrota que sabemos construir.