La "inocente" tapa de Billiken para encubrir el genocidio indígena

Local 10 de octubre de 2017 Por
En la portada del último número de la revista infantil se muestra el encuentro de dos culturas de manera inofensiva omitiendo que fue una invasión sangrienta.
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No, claro, pero el kirchnerismo adoctrinaba a los chicos.

Vamos a decirlo una vez más y por enésima vez: todo aquel que tenga voz adoctrina. La iglesia adoctrina, el partido político adoctrina, cualquier institución adoctrina en la doctrina de esa institución.

¿Y saben qué? Está perfecto. Una institución —la que sea— solo puede subsistir en el tiempo si reproduce su doctrina, que es su misma base. Si no lo hace, deja de existir, puesto que desaparece la idea y las instituciones son eso, ideas. Son ficciones institucionales.

Ahora bien, nadie en el mundo adoctrina más que el poder fáctico de tipo económico. ¿Por qué? Porque posee los medios de difusión en monopolio y, por ende, tiene el monopolio de la palabra. Y esos medios son rapidísimos a la hora de acusar al otro de adoctrinar, por eso mismo de que el ladrón siempre cree que todos los demás son de su misma condición. El viejo temita psicológico de la proyección.

Pero no, chicos. La invasión de América y el posterior genocidio que el europeo llevó a cabo aquí no fue ningún partido amistoso de fútbol ni había referí con cara de buenudo. Y no fue la “llegada a América”, fue una masacre infernal seguida de robo, que sigue hasta hoy.

Si los pueblos no empezamos a adoctrinar a nuestros pibes en la ideología que mejor les conviene a nuestros intereses, estaremos destinados a vivir de rodillas mientras nos siguen matando y robando. Colón vive en cada neoliberal ladrón que nos habla de “cambio” y de “unir a todos los argentinos” con “buena onda” mientras nos vuelve inviable la vida para que desaparezcamos.

Tenemos que aprender, y aprender ya.

Fuente texto: La Batalla Cultural