"Escribo estas líneas con una tristeza impensada meses atrás. Escribo porque es la forma de no morir por dentro"

DDHH 20 de octubre de 2017 Por
Por Juan Amorín, periodista.
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Al final no estaba en Chile, ni fue herido por un puestero, ni pasó a la clandestinidad para beneficiar a la RAM. Resulta que no se fue a Entre Ríos en un camión y resulta que en el pueblo donde todos se parecen a él, tampoco estaba. Al parecer, no pasó a cortarse las rastas por San Luis como sostuvo el juez Otranto, ni se subió al auto del matrimonio de Tierra del Fuego, que se paseó por todos los medios.

Resulta que Santiago sí participó de la manfiestación de la comunidad mapuche que la Gendarmería de Bullrich y Nocetti negaron. Resulta que al final sí reprimieron y sí cazaron manifestantes.

Resulta que al final no había un 20 por ciento de posibilidades que estuviera en Chile. Que otra vez, los medios y el Gobierno hicieron un dúo maravilloso para poner el ojo sobre la víctima, sobre la familia y sobre los reclamos indígenas. Resulta que nos mintieron y se rieron de nosotros, pero por sobre todo, de los Maldonado, en su cara. Una y otra vez. Durante 78 días.

Resulta que Santiago está muerto. Y que nosotros escribimos con las venas más abiertas que nunca, con las lágrimas cayendo y los mocos colgando porque queríamos creer en alguna de las putas teorías e hipótesis que nos repitieron hasta el hartazgo desde los medios dominantes. Queríamos creer porque, en la grieta, siempre estamos del lado de la vida. Porque no especulamos, porque queríamos que Santiago apareciera vivo, porque así se lo llevaron.

Y resulta que mientras tanto, ellos están haciendo encuestas para medir el impacto del cuerpo en los resultados electorales. Porque no son más que eso: especulación, frialdad y pragmatismo. Que se metan las elecciones en el culo, no nos interesan. Salten, bailen, y tomen mucho el domingo, ya no importa. Lo único que nos interesaba, a todos los que estamos del lado de la vida, era verlo a Santiago bien, y el Estado nos quitó esa posibilidad, y escondió la verdad tanto como pudo.

Por primera vez desde que tengo memoria me da mucha vergüenza vivir en Argentina hoy, donde hay presos políticos, desaparecidos en democracia, represión y censura.

Escribo estas líneas con una tristeza impensada meses atrás. Escribo porque es la forma de no morir por dentro, de no dejarse vencer por la desesperanza, aunque cada vez se haga más difícil soportar las barbaridades a las que asistimos a diario.

Perdonanos Santiago, no supimos protegerte y darte las garantías mínimas que tiene cualquier ser humano. Así como marchamos una y otra vez por tu aparición con vida, vamos a salir a la calle con tu familia las veces que hagan falta para que tengas Justicia y puedas descansar en paz.

Santiago Maldonado presente.