Perdón familia Maldonado por las pistas falsas que decían que a Santiago lo llevó un camionero en Entre Ríos, que una moza lo atendió en Santa Fe, que andaba pidiendo fuego en Salta, que estaba perdido en Mendoza, que lo vieron haciendo dedo en Santa Cruz, que un peluquero le cortó las rastas en San Luis, que estaba escondido en Chile como parte de un “sacrificio” y que había un pueblo en el que todos se le parecían.

Perdón familia Maldonado porque lo acusaron de formar parte de un grupo terrorista con vínculos con la guerrilla kurda y las FARC. Dudaron de que haya estado alguna vez en la Pu Lof y esbozaron nuevas teorías: lo había herido de muerte un puestero de Benetton y los Mapuche lo habían enterrado en tierras sagradas.

Perdón porque cuando la investigación judicial derrumbó una a una esas teorías, el call center intentó con otra: que estaba vivo, había fingido su desaparición y se hacía pasar por su hermano Germán. El parecido entre ellos, sostenían, era la prueba irrefutable de esa transformación.

Así se construyeron las pistas e hipótesis falsas que los operadores y el ejército de trolls del gobierno usaron para ocultar que Santiago Maldonado había desaparecido durante una represión de Gendarmería.

Perdón familia Maldonado: como sociedad, como comunicadores, quizás no llegamos a dimensionar la saña con la que los atacaron, la mezquindad del poder para salvarse a ellos mismos a costa de sumar dolor sobre el dolor de todos ustedes.

Perdón familia Maldonado porque cuando el cuerpo del tatuador apareció flotando en las aguas gélidas del Río Chubut, los escribas del gobierno instalaron una nueva versión: que fue una muerte accidental. Como si Santiago hubiera estado pescando a orillas del río y no escapando de las balas y las piedras de los uniformados. Y como si fuera poco lanzaron en las redes una campaña de boicot a la marca de té que fabrica la familia.

Perdón Sergio porque tuviste que pedir que no los insulten “tanto” por las redes sociales, por tener que reclamar a los periodista que si no tienen nada que decir “pasen música”.

Perdón porque todo eso no les alcanzó: hoy un editorial de La Nación exigió que la sociedad pida perdón a Gendarmería, a la fuerza que ingresó en territorio mapuche sin orden judicial –sólo estaba autorizada a despejar el corte de ruta-, que atacó a la comunidad con armas no reglamentarias -como piedras y palos- que prendió fuego casas, colchones, mantas, ropa y juguetes de los niños y que persiguió a Santiago a los tiros hasta la orilla del río Chubut.

Perdón por la insistencia en defender a una fuerza de seguridad que –bajo el amparo del poder político- ocultó y modificó pruebas: lavaron las camionetas utilizadas en el operativo, mintieron sobre la cantidad de efectivos que intervinieron y escondieron y borraron fotos del operativo: en una de ellas, que los investigadores encontraron en una computadora de uno de los escuadrones, se ve a al joven a unos pocos metros de distancia de los gendarmes corriendo en dirección al río Chubut. En el expediente también hay numerosas pruebas que demuestran que Gendarmería espió ilegalmente a la familia Maldonado y a organismos de derechos humanos.

Perdón por quizás no repetirlo lo suficiente, para que todos escuchen: Santiago desapareció durante un operativo represivo ilegal. La inexistencia de lesiones y golpes en el cuerpo no determinan la ausencia de la violencia policial. Gendarmería, el gobierno y los medios de comunicación encubrieron y los atacaron. Es a ustedes a quien debemos pedirles perdón. A Stellita, la mamá, a Quique, el papá, a los hermanos Germán y Sergio, a las cuñadas Andrea y Carolina y a la abuela Maruca.

Nota original: COSECHA ROJA